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Title: LAS PERVERSAS TRAMPAS del ‘gota a gota’: lo que pagan los colombianos por culpa de la necesidad
Author: Periódico Regional Adrenalina
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FUENTE: SEMANA  La muerte de una mujer en Ibagué, que se lanzó de un puente por desesperación al no poder pagar sus deudas, puso ...



  • La muerte de una mujer en Ibagué, que se lanzó de un puente por desesperación al no poder pagar sus deudas, puso en evidencia que esta modalidad de crédito informal es un calvario para quienes acuden a ella.
Los préstamos ‘gota a gota’ o ‘paga diario’ abundan en todas las ciudades de Colombia. Su rostro más oscuro lo vio el país la semana pasada con el suicidio de Jessy Paola Moreno, la ibaguereña que, acosada por las deudas, se lanzó de un puente con su hijo de 10 años en brazos. El doloroso episodio provocó que el sábado el Congreso de la República anunciara que intentará abolir por ley este tipo de préstamos. Además, el Plan Nacional de Desarrollo incluirá un capítulo para estimular el microcrédito.

Pero, ¿qué son y por qué se han vuelto tan populares? Los ‘gota a gota‘ se presentan como una supuesta alternativa para muchos colombianos que no pueden acceder al sistema financiero formal. Sin embargo, lo que aparenta ser una solución rápida para salir de las deudas se convierte en un tortuoso problema para quien lo solicita porque los intereses crecen cada día y nunca terminan de pagarse.

Doña Flor vive en Pasto. Hace unos años ella se dedicaba a vender frutas en un barrio residencial de la ciudad. Tenía arrendado un local y ante una mala racha en su negocio decidió acudir a un prestamista para solicitar$500.000 pesos. La persona que le prestó el dinero le exigió un interés del 25% mensual (125 mil), por lo que diariamente ella pagada $4.166 pesos, solo en intereses. Pero además, le daban la opción de ir abonando al capital de la deuda cada ocho días, es decir, pagaba $125.000 pesos cada fin de semana.

“Eran peor que el banco”, dice Victoria, una amiga cercana de doña Flor que le ayudó a sacar las cuentas para ver cuánto pagaba realmente. Al echar lápiz y papel ambas se sorprendieron porque el monto total a pagar era de $625.000, eso sin contar que cuando se atrasó en las cuotas semanales el prestamista refinanció la deuda y puso un interés más alto. Así que ni ella misma sabe cuánto dinero le devolvió a esa persona porque los atrasos se volvieron constantes. Después de pedir dinero a alguien de confianza, finalmente pudo salir de ese problema, pero quedó igual o peor de ‘colgada’ en sus finanzas. Así como el de doña Flor, existen miles de casos -algunos más graves- que incluyen amenazas de muerte o expropiación de los bienes, medidas a las que acuden los prestamistas cuando ya no encuentran otra manera de recuperar su dinero. Pero en un comienzo las cosas son más amables. Con anuncios como estos, las falsas empresas promocionan su negocio y alardean de ser vigiladas por la Superintendencia Financiera de Colombia, sin estar registradas en el listado de la entidad.


Como si fueran una entidad de crédito legal, solicitan varios requisitos para generar el préstamo del monto deseado y garantizan “seriedad absoluta ” en el trámite. Algunos dicen trabajar como intermediarios de los bancos y por eso cobran una comisión por agilizar el proceso. “Cobramos el 10 por ciento por ayudarle y prestamos desde diez millones en adelante”,dice un hombre al que consultó SEMANA luego de llamar a uno de esos números.

Son reservados y no dan la información completa a menos de que envíe un recibo público, un teléfono de contacto y todos los documentos que ellos piden para tener pleno conocimiento de quién es la persona y saber a dónde ir a cobrar. En otros casos, estas organizaciones trabajan en los barrios y ofrecen sus servicios con prudencia para no levantar sospechas. Al contactarlos -vía whatsapp- se demoran horas en responder los mensajes, no dan su nombre y dependiendo del monto solicitado recomiendan quién es el más indicado para prestar el dinero. Aseguran que el interés se pacta en persona al igual que la cuota ”fija” que pagará el solicitante.
  • “Los taxistas, comerciantes minoritarios y la población del sector rural tienen menos acceso al sector financiero”, comenta Andrés Mauricio Ramírez, director de Transformación Digital e Inclusión Financiera de Asobancaria. Y son justamente estas personas las que acuden a los prestamistas gota a gota cuando su crédito en el banco es rechazado por no cumplir con los requisitos para respaldar la deuda.
Según Ramírez esta situación obedece, en gran medida, “al alto nivel de informalidad que tiene la economía colombiana”, dice, y complementa: “hay una realidad, y es que la gente que se dedica a distintas actividades necesitan financiar la compra de electrodomésticos o la compra de una cosecha de arroz para venderla a lo largo del día y son ellos los que acceden a estos créditos”.

El Dane reportó que en el trimestre de septiembre a noviembre de 2018 el porcentaje de colombianos que laboran informalmente llegó a 48.1% en 23 ciudades del país. De ellas Cúcuta, Santa Marta y Sincelejo son las zonas con mayor proporción de informalidad, al superar el 60% cada una.

Pero hay otra razón por la cual el gota a gota predomina por encima de los productos financieros formales. Alejandro Vera, vicepresidente técnico de Asobancaria cree que el asunto se origina en los problemas de inclusión financiera. “La estrategia de inclusión desde el sistema formal ha avanzado, pero lo ha hecho lentamente en los últimos años”, afirma.

Además, todavía hay mucha gente que no tiene la educación financieranecesaria para entender las bondades de un crédito formal y por eso Asobancaria le propuso al gobierno nacional incluir en el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 este tema. Su ofrecimiento consiste en implementar ejercicios financieros en la educación escolar, sin agregar una materia en el currículo académico como se planteó en años anteriores. Pues desde la asignatura de matemáticas las personas pueden aprender cómo calcular las tasas de interés.

Como una ayuda, la Superintendencia Financiera publica en su página web -junto a un registro histórico- cuáles son los porcentajes máximos que pueden cobran los establecimientos de crédito al momento de concederle un préstamo. Para febrero de este año la tasa de usura para créditos de consumo (aquellos con los que puede comprar un carro o un televisor) está en 29.55%. Un porcentaje que no puede sobrepasar ninguna entidad, pues de lo contrario se expone a perder su licencia de funcionamiento. Mientras que la tasa para los microcréditos (aquellos que puede pedir para empezar un negocio pequeño) es de 54.98%.

Esa información no la conocía Juan, un barranquillero que cometió el error de pedir siete préstamos a estos grupos durante el primer año que empezó a trabajar. “Inicialmente fueron $100.000 para terminar pagando $120.000 al mes, con pagos diarios de $4.000 pesos. Luego fueron doscientos, después trescientos...era como una bola de nieve. Se volvió un vicio, más que una necesidad”, comenta. El prestamista le dio a Juan una tarjeta de presentación de sus servicios en la puerta de la casa. “Ellos miran cómo vives y te dicen cuánto te prestan”,dice. En un principio, pagar 20% de interés le pareció a Juan un buen trato, pues para él los bancos no eran una opción. Era mototaxista y guardia de seguridad y jamás le iban a prestar dinero porque el riesgo, al no tener un trabajo estable, es muy alto para ellos.
  • Pero Juan desconocía qué es la tasa de usura y cómo se calcula. En primera instancia la usura se define como el interés abusivo en un préstamo. Teniendo eso claro, la tasa de usura corresponde a multiplicar 1,5 veces el valor del interés bancario corriente -también conocido como tasa efectiva anual-.
Si el préstamo es a un año y le cobran 1% diario y usted convierte este monto a porcentaje anual, la tasa alcanzará el 3.600% y habría una diferencia sustancial al compararlo con el 36% (en promedio) que cobran los bancos, al año, por un microcrédito. 

El caso de Juan tiene otra parte. Cuando le impusieron una nueva reglamentación a los mototaxistas en Barranquilla, su situación financiera empeoró. “Me tocaba esconderme porque solo le pagaba a uno o dos prestamistas y a los otros los hacía esperar”, recuerda. Incluso hubo un momento en que le quitaron las llaves de la moto, a modo de garantía. “Me permitieron seguir trabajando y me refinanciaron la tarjeta -hoja de papel donde queda registrado el préstamo- pagando un interés de 40%”, afirma Juan.

Aunque ya salió de esas deudas nunca le han aprobado un crédito formal debido a que, dice, “los bancos no te miran como un aspirante a un crédito sin un empleo estable”.

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